Un mesías
a Saddam Hussein, febrero de 1998
En lucha demencial y gigantesca
Atila de este siglo, de mi tiempo,
va librando batalla quijotesca
contra todas las aspas y los vientos.
Adelante Saddam, yo te proclamó rey
jamás vasallo del imperio,
cual cobardes, sumidos con el amo,
el que viste de nobleza su adulterio.
Lo gritó desde aquí, de Buenos Aires,
mi pluma es un misil a sus falacias.
¡Basta ya de injusticia prepotente
de tiranos…. en seudo democracia!
En las aguas del Golfo, irrumpieron
con sus garras del monstruos nauseabundos,
malgastando millones escupiendo,
sobre el hambre del mundo.
Y acá, un vil vasallo, obsecuente,
en su afán de ocultar tanta carencia
ofreció la sangre de su gente
ostentando delirio de potencia.
Ya en los umbrales del tercer milenio
tanta gente suplica noche y día
que haya muchos Saddanes, “locos”, genios,
¡Un mesías en tanta hipocresía!
Guzmán Sosa